TIEMPO PARA DIOS

Hace años una mujer llamada Susana Wesley se encontraba completamente dedicada a una tarea especial.
¡Fué madre de 17 hijos!

Debemos decir que era una mujer muy organizada. Debía mantener su casa en marcha y cuidar a todos esos hijos.

¿Cómo lograría tener un tiempo para sí misma?, ¿Cómo encontraría un tiempo para hacer sus devociones, orar y hablar con Dios?

Te sorprenderá lo que ella hacía. Tomaba su delantal, lo levantaba y se lo arrollaba en su cabeza.

Se ponía en medio de todos sus hijos, orando allí bajo su delantal. Sus hijos ya sabían y decían: “Si mamá tiene su delantal sobre la cabeza es porque está hablando con Dios”. Si una mujer tan ocupada como Susana Wesley encontró la manera y el tiempo para orar, debe haber algo especial en esto de pasar tiempo con Dios.

¿Cuál es tu experiencia amiga en este tema de hablar con Dios?.

Apartar un tiempo, unos minutos para ti misma y hacer las cosas que te gusta es importante. Pero también es importante tener un tiempo para Dios.

Apartar un momento para Dios significa que para ti la relación con Él es importante. Hacerlo es la mejor manera de traer paz a tu vida, no importa cuan difícil sea todo.

Conozco a mujeres que aprovechan el tiempo mientras lavan los platos, a estar con Dios. Mientras limpian están orando y alabando a Dios por sus bendiciones, por la vida y le cuentan sus problemas también. Sé de mujeres que toman tiempo para hablar con Dios mientras caminan al mercado para hacer compras. Otras lo hacen mientras viajan al trabajo. Hay algunas que gustan hablar con Dios mientras hacen su caminata diaria para ejercitarse. Ese es su tiempo a solas con el Señor. Es el momento cuando le comparten sus esperanzas y deseos, cuando le abren su corazón y le hablan de sus frustraciones.

A veces mientras limpio mi casa o viajo a mi trabajo oro al Señor, pero mi tiempo más precioso con Dios es aquel que puedo tenerlo en quietud. Es decir ese tiempo cuando no hago otra cosa excepto estar con el Señor. Busco un lugar tranquilo y silencioso y allí paso momentos preciosos.

Agradezco a Jesús por su amor y sus cuidados. Le pido perdón por las cosas que hice mal. Le cuento acerca de las cosas que afligen mi alma. Le ruego por los que están enfermos o tristes y sé que Él me escucha y me responde. Puedo decir que son momentos que reconfortan mi alma y me hace mucho bien tenerlos cada día.

Quizás tu mi amiga puedas decir lo mismo de tus tiempos con Dios.

Quiero contarte de dos buenas amigas que tuve en mi vida. Ahora ambas están en la presencia del Señor porque ya se han ido de esta vida pero les recuerdo con cariño por todo lo que me enseñaron.

María tenía 92 años cuando la conocí. Vivía en un hogar para ancianos. La visitaba cada semana y ella me hablaba de sus años juveniles. Siempre estaba contenta y feliz. Aún cuando tenía resfríos o le dolía terriblemente la columna y la espalda ella sonreía.

María había sufrido cosas difíciles a lo largo de su vida. Había visto morir a su esposo y a sus hijos. Yo le pregunte ¿cómo puede ser que estés tan contenta todo el tiempo? ¿Cuál es tu secreto?.

Ella me respondió; “Yo paso tiempo con Jesús y sabes Él está conmigo siempre. Él es mi gozo y mi felicidad Jesús me da paz aún cuando la paz parece imposible”.

Mi otra amiga se llamaba Juana. También le conocí en el hogar para ancianos. Juana tenía 94 años y era ciega. Sus pies no le servían ya y alguien debía llevarle en silla de ruedas; o permanecía las horas en el mismo lugar. Juana estuvo muy enferma con cáncer. La enfermedad estaba acabando con ella, sin embargo siempre sonreía.

Siempre tenía una palabra amable para quién se paraba para mirarlo o hablarle.

Nunca se quejaba. Le gustaba hablar acerca de su familia y de su vida. Trabajó como vendedora de zapatos. Aunque hablaba de su familia lo que más le gustaba era hablar acerca de su relación con Jesús.

Jesús era inseparable para ellos, eso era lo que siempre me decían. ¿Sería por eso que sonreían y tenían paz?.

A veces la vida es muy difícil, tan difícil que quita el aliento y las fuerzas pero si una persona se aferra al Señor todo puede ser vivido de una manera diferente.

Tener tiempo con Dios ha sido mi fuente de ánimo cada vez que me he sentido triste y cansada e incapaz de luchar contra las adversidades. Tener tiempo con el Señor me ha ayudado a entender que no estoy sola y que el gran Señor de toda la creación realmente me ama y me cuida.

El Salmo 55 dice: “Escucha mi plegaria, oh Dios; no te ocultes cuando clamo a ti. Escúchame, oh Señor, porque gimo y lloro bajo mi carga de dolor.

¡Quién tuviera alas como paloma como para escapar y reposar!

Yo volaría a los lejanos desiertos y allá me quedaría.

De toda esta tormenta escaparía a algún refugio.

Pero yo clamaré al Señor pidiendo Salvación y Él me salvará. Oraré de mañana, al mediodía y de noche suplicándole a Dios. Él escuchará y responderá.”

En estos versos de la Biblia aprendemos que el Salmista quien estaba en gran tristeza se siente ayudado por el Señor no porque sus pruebas se terminaran sino que entendía que el Señor escucha su voz, su oración y le daba descanso interior.

Hay mucha paz al descubrir que al hablar con el Señor y tener tiempo dedicado a la búsqueda espiritual, Él oye nuestra voz y nos responde.

A su vez nosotros aprendemos a escuchar la voz de Dios y descubrir su voluntad para nosotros y vivir así en una relación armoniosa y agradable.

Oremos un momento juntas.

“Querido Dios. Quiero conocerte mejor. Quiero aprender a hablar contigo y saber escuchar tu voz cuando me hablas. Ayúdame a ordenar mis horarios y encontrar el tiempo para estar contigo cultivando mi vida espiritual. Gracias por cuidarme y escuchar mis oraciones. Amén.”

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