Conflictos entre padres e hijos

Parece imposible evitar los conflictos entre padres e hijos en las relaciones familiares. Habrá enfrentamientos de voluntades. Los hijos tratarán de salirse con la suya, es decir, hacer las cosas a su manera. Los adolescentes lucharán con sus padres para independizarse aún antes de estar listos para hacer ciertas elecciones por ellos mismos. En 2 Timoteo 2:23-26, la Biblia nos da buenos consejos para los conflictos de padres e hijos.

Dice así, “No te metas en discusiones tontas, pues sabes bien que engendran riña. Al siervo del Señor no le conviene reñir, sino ser amable y paciente maestro de los que andan en error. Con mansedumbre, trata de corregir a los que están confundidos, porque si les hablas con dulzura y cortesía, es posible que con la ayuda de Dios abandonen las ideas erradas y crean la verdad.

¿Cómo pueden los padres manejar mejor las situaciones que se presentan durante la niñez y la adolescencia? El Pastor David Grant nos da cuatro sugerencias que extrae del pasaje de Timoteo que leímos.
Primero, debes saber que tendrás desacuerdos con tus hijos. Cuando Timoteo escribe de argumentos “tontos y necios”, implica que la inmadurez en un niño a veces lo motiva a argumentar. El hijo no siempre entiende porqué es importante ir a dormir a cierta hora, o porqué tiene que realizar ciertas tareas cada día como tender su cama, lavarse los dientes, ordenar sus juguetes, etc.

Segundo, a veces es mejor para los padres excusarse ellos mismos por los argumentos. Los asuntos sin importancia no merecen ser discutidos. O si el papá o la mamá o el hijo están cansados, es mejor dejar para luego y buscar una mejor ocasión para hablar. Es mejor descansar primero. Dejar que nuestras emociones se enfríen y luego hablar con calma y cautela.

Tercero, ten en cuenta tres actitudes importantes en los conflictos de padres e hijos. Estar seguro de tratar a tu hijo con bondad. Estar atento de no gritarle y decirle palabras hirientes que luego no podrás retirar. Añade una actitud de perdón a la bondad. Y muéstrate verdaderamente humilde haciendo que las necesidades de tu hijo se vean más importantes que las tuyas. Esto requiere el uso de palabras amistosas y que traigan paz.

Cuarto, dale tiempo a tu hijo para que cambie su mente, su manera de pensar. Puede ser que el necesite tiempo para pensar acerca de tus palabras. Si tienes paciencia lograrás mucho más. De otro modo el se resistirá más que nunca. Ganamos la guerra de las palabras si reflexionamos amablemente en nuestros conflictos. Cuando el fervor de la batalla se enfría, la sanidad puede comenzar.

El doctor Henry Branott, psicólogo cristiano ha declarado lo siguiente: “un padre es un socio con Dios en hacer discípulos de sus hijos”. Siendo así es necesario conocer bien lo que dice la Biblia acerca de la disciplina y educación de los hijos.
La influencia de los padres queda impresa en la vida y en la mente de sus hijos por tanto es importante conocer bien qué y cómo piensa cada uno de ellos para conocer sus necesidades interiores.

Otro factor importante es que el hijo debe saber que es amado por sus padres a pesar de sus faltas y errores.
Una de las maneras de mostrar amor al niño y al jovencito es tomándose el tiempo para enseñarle a vivir escogiendo siempre lo mejor.

La Biblia aconseja: “Instruye al niño en su camino” y cuando un niño o un joven fue y es instruido siente confianza porque sabe a donde se dirige.

Otro proverbio bíblico dice así: “El que ama a su hijo desde temprano lo corrige… disciplina a tu hijo en tanto que ha esperanza; más no se apresure tu alma a destruirlo” (Proverbios 13:24 y 19:18)

El mejor tiempo para comenzar a instruir al niño es desde muy pequeño, aunque no lo comprenda del todo. Por ejemplo lavar sus dientes, guardar sus juguetes, prestar sus juguetes a un amigo, ir a la cama a cierta hora, asistir a la iglesia…
Es una manera de ir moldeando la vida del hijo suavemente ya que aún son tiernos y se le puede corregir. Cuando lleguen a grandes puede ser demasiado tarde pues su vida creció torcida y los malos hábitos ya están muy arraigados.

Una cosa importante es tomarse tiempo para hablar con los hijos, y explicarle lo que hizo mal y luego aplicarle la disciplina necesaria. Como dice la Biblia “el padre que ama disciplina”
Para un padre cristiano una buena cosa es orar cada día encomendando a su hijo en las manos de Dios y bajo su cuidado divino. Si esto haces y vives una vida de obediencia a Dios por ti misma; los conflictos entre padres e hijos serán más llevaderos. Trata de ser una buena hija de Dios y serás un modelo adecuado para ellos que te observan cada día.



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