Jesús y su actitud hacia las mujeres

¿Cómo veía Jesús a las mujeres? ¿Cómo las trataba? Varios escritores coinciden al decir que el Hijo de Dios tenía una sensibilidad especial hacia las mujeres y si indagamos en los Evangelios veremos que fue así. Jesús ciertamente tuvo una notable perspectiva y actitud hacia las mujeres. El era el Mesías y había venido a traer el Reino de Dios. Vino para vivir y morir y dar el mensaje para todos incluyendo hombres y mujeres.

Leemos acerca de 12 hombres que le seguían pero también había mujeres en su compañía.
Por ejemplo si lees el Evangelio de Lucas en la Biblia, verás que 24 veces tuvo algo que ver con mujeres al conocerlas, hablarles o mencionarlas en alguna historia. Todas estas 24 ocasiones que las mencionan lo hacen en forma positiva e instructiva. En su interacción con mujeres la actitud de Jesús fue con palabras de aceptación, sensibilidad y afirmación.

Él aceptó los regalos de servicio de amor y ternura que las mujeres le ofrecieron.
El sentido de hombría de Jesús nunca fue amenazado por la ternura de una mujer. Lucas nos cuenta de una mujer que entró a una fiesta se arrodillo y lloró sobre los pies de Jesús, bañándolos con sus lágrimas y luego ungiéndolos con perfume previamente habiéndolos secado con sus cabellos. (Lucas 7:36-50)
Fueron lágrimas de arrepentimiento. Jesús permitió que lo hiciera sin ningún trazo de enojo ni disgusto.

Las mujeres sirvieron a Jesús de maneras muy singulares y únicas. El hogar de Marta y María era un lugar muy tranquilo donde Jesús se retiraba de las multitudes que le buscaban porque querían pan, milagros y sanidades (Lucas 10:38-42)
Esto me hace sentir tan bien, que aunque nadie más me aceptara como soy, Jesús si lo hace.

No sólo las aceptaba, sino que era sensible a los obstáculos sociales y religiosos con los que las mujeres tenían que luchar, y Él se ofreció llevar esas cargas. Fue compasivo y cariñoso. Un día Jesús visitó a Pedro en su casa.
La suegra estaba enferma. En el Este Medio aún si una mujer está enferma, se levanta para atender a un huésped varón. Jesús por supuesto, no era un huésped común. Era un Rabí, un maestro de la ley de Dios. Tenía el derecho de moverse por la casa y reclamar ser atendido. Pero él no lo hizo, rehusó ejercer sus privilegios sociales. Al contrario fue donde estaba la suegra de Pedro y colocó su mano sobre ella. Primero la sanó, la ayudó para que luego esta mujer pudiera servirle.
El más grande y maravilloso ejemplo se encuentra en Lucas 13, cuando en un día sábado en la sinagoga en Capernaúm Jesús sanó a una mujer.
El relato dice así:

“Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día de reposo. Y había allí una mujer que desde hacía 18 años tenía espíritu de enfermedad y andaba encorvada y en ninguna manera se podía enderezar. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer eres libre de tu enfermedad y puso las manos sobre ella y ella se enderezó luego y glorificaba a Dios. Pero el principal de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese sanado en el día de reposo dijo a la gente: seis días hay en que se debe trabajar, en éstos pues, venid y sed sanados y no en día de reposo.
Entonces el Señor les respondió y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en día de reposo un buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber agua. Y a esta hija de Abraham que Satanás había atado dieciocho años ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo?
Al decir Él estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios, pero todo el pueblo se regocijaba por todas las cosas gloriosas hechas por Él”.

Jesús hizo varias cosas que llamaron la atención porque rompió con el molde cultural de aquel día:

1-Llamó a la mujer del lugar de las mujeres (atrás) al lugar de los hombres (al frente de la habitación).
Interrumpió la enseñanza de la palabra de Dios, que era el momento sagrado, para ayudar a una mujer.

2-Jesús rompió con la cultura hablándole a la mujer. No sólo la llamó y le habló sino que en tercer lugar

3-Puso sus manos sobre ella. En los días de Jesús algunos de los fariseos eran tan estrictos que ni siquiera miraban a una mujer a sus ojos.

4-Jesús afirmó su dignidad en la sociedad. Algunos hombres en la sinagoga probablemente estarían pensando ¿Qué está haciendo ella aquí? Y ¿qué está haciendo Jesús al tocarla en este lugar santo de Dios?

Pero Jesús conocía el corazón de estos hombres por eso les pregunta acerca de su buey y de su asno.
Les dice que esta mujer es más que un animal, es una hija de Abraham. Él la restauró a una posición correcta.

Este episodio es especialmente importante porque Jesús voluntariamente arriesgó su vida por amor a una mujer. El humilló a sus oponentes en su propia sinagoga al ministrar con sensibilidad, amabilidad y misericordia a una mujer. Este acto de bondad y amor divino además de todo lo bueno que Jesús hizo llevó a esas personas enemigas a condenarlo a morir en la cruz.

Jesús también afirmó la dignidad de las mujeres permitiéndoles saber que ellas eran inteligentes y merecían el amor y el cuidado de Dios hacia ellas.
Ninguna vez en los cuatro evangelios Él le quitó valor a la mujer por el contrario, durante toda su vida sobre la tierra Él exaltó y afirmó a las mujeres.

Tú y yo somos importantes para Jesús.
Él nos ama y desea lo mejor para cada una de nosotras.
Nos ama y se interesa por cada una de nosotras a pesar de las limitaciones culturales que les son impuestas a las mujeres. Él nos acepta, nos reafirma nos sana, nos perdona y nos enseña animándonos a crecer y ser semejantes a Él mismo.
Su último acto de amor fue allí en la cruz cuando le pidió a Juan que cuidara de su madre María.
En Juan 19:26-27 dice así: “Cuando Jesús vió a su madre allí y el discípulo a quien Jesús amaba parado cerca dijo a su madre, “mujer he allí tu hijo” y al discípulo “Allí está tu madre” Desde ese momento el discípulo la recibió en su casa”.
¡Qué actitud maravillosa la de Jesús frente a su querida madre!

Jesús es el mismo hoy y nos quiere alcanzar con su amor, cuidado y compasión pero mucho más con su salvación porque Él vino al mundo para ser nuestro salvador.

Amiga, tú debes saber que hay algo que nos separa de Dios y eso es el pecado.
Pero Jesús vino al mundo con el propósito de dar su vida por nosotras, para librarnos del pecado.
¿Alguna vez has aceptado su invitación de seguirlo?
¿Le has recibido en tu vida como tu Salvador y Señor? Espero que si y si no lo has hecho antes tome la decisión de recibirle y seguirle ahora mismo.

Comparte!


    Deja un comentario