Enseñando a los hijos

Ana, de pie junto a la puerta de su pequeña casa, observaba a los niños jugando en el patio. Su mirada se posó en Samuel, su hijo de cuatro años. Era un niño tan bonito con cabellos rubios enrulados y de ojos intrigantes. Desde que aprendió a decir unas pocas palabras, siempre quería preguntar algo. Ana sonrió, al verle correr con sus pequeños pies hacia ella.

-“Gracias Dios” susurró, mientras lo levantaba en sus brazos.

-“Por este niño oraba hace años y ahora lo tengo aquí en mis brazos.” Ella se reía y besaba a su inquieto hijito que se deslizó de sus brazos y volvió a correr.

Aquella noche, como todas las noches, Ana tomó la pequeña lámpara de aceite y se fue al dormitorio que compartía con su hijo y se arrodilló sobre la alfombra junto a su cama para orar con él.

-“Mamá, hoy vimos un pájaro azul,” susurró con entusiasmo con su suave voz.

-“Mamá, ¿porqué Dios hizo a los pájaros de diferentes colores? ¿Y por qué hizo árboles para que ellos vivan allí?”

El tenía demasiadas preguntas- especialmente a la hora de irse a dormir. Y Ana trataba de contestar a todas ellas de la mejor manera posible.

También pasaba tiempo bajo la sombra de un gran árbol contándole historias de sus antepasados. Le contó cómo Dios de forma milagrosa rescató a sus parientes y a todo el pueblo de crueles supervisores, que les hacían trabajar demasiado y les llevó a vivir a un país para que fueran libres y que ese país era donde vivían ahora. Ella quería que Samuel comprendiera que Dios realmente cuidó de su pueblo y cómo les protegió de los enemigos y reyes crueles que querían eliminarlos. Samuel disfrutaba escuchando que el ejército de su pueblo vencía al ejército enemigo. Él festejaba aplaudiendo con sus manos. También le gustaba saber que los ángeles de Dios acampaban en derredor de ellos y les defendían. La mamá se maravillaba de ver cómo el pequeño niño recordaba cada detalle de lo sucedido. Sus preguntas la mantenían ocupada pensando cual sería la respuesta más apropiada para su edad. Para ella era importante que Samuel conociera la verdad acerca de Dios.

Sentados bajo el frondoso árbol un día Samuel preguntó – “Mamá… ¿Dios me ama a mi también?”

-         “Oh sí, mi hijo, El te ama mucho. El tiene un gran trabajo que hagas para Él”

-         “¿Qué trabajo, mamá?” – Preguntó Samuel, mientras se trepaba a la falda de la madre y le acariciaba el rostro.

-         “Un día cuando seas mayor, podrás decirle a la gente cuánto les ama el Señor”

-         “¿Pero mamá, ya no lo saben?, ¿Sus mamás no se lo han dicho?”

Ana tuvo que reírse de la ocurrencia de su hijo. Movió su cabeza y le respondió –“No mi hijo, no todas las personas conocen del amor de Dios”

-         “Yo se lo quiero contar” dijo Samuel.

-         “Tú lo harás, hijo. Pero ahora corre y juega mientras yo preparo la cena”.

Ana suspiró, mientras recordaba…

“Por este hijo oraba y Dios me lo dio…”

La otra mujer del esposo tenía varios hijos, pero Ana había tenido que llorar océanos de lágrimas mientras le imploraba a Dios que le diera uno tal siquiera… que le permitiera quedar embarazada.

Ella sabía que su esposo la amaba y él se lo decía siempre que veía su rostro muy triste.

-“¿Porqué lloras, mi amada?” Le preguntaba Elcana, Tú eres mi esposa más querida.” “¿No soy para tI más que 10 hijos?”, Él no podía comprender su pena tan profunda.

Ana trataba de esconder sus lágrimas, pero un año cuando subieron al templo para adorar, ella no quiso comer y se apartó hacia un rincón para orar y comenzó a derramar muchas lágrimas, mientras movía sus labios.

Elí, el anciano sacerdote, que estaba casi ciego, le regañó diciendo: “¿Porqué estás ebria aquí en el templo?”

“Oh nó, señor”… ella se disculpó. Estoy buscando una bendición especial del Señor… para que abra mi matriz y me dé un hijo.” Entonces Elí la bendijo: “Ve en paz y el Señor te otorgue la petición que le has hecho.”

Y fue entonces que antes de ir al templo el próximo año, Ana ya tenía a su bebé en brazos. Cuando lo sintió moverse en su vientre, apenas podía creerlo y cuando lo vió por primera vez, se rió y lloró de gozo.

Ella dijo: “Por este niño oraba y el Señor me dio lo que le pedí, por tanto lo dedico a Dios por todos los días que él viva.”

A menudo Ana se preguntaba si ella podría contestar todas las preguntas de Samuel. ¡Cómo podría ella, una mujer sencilla sin estudios, prepararlo para que llegara a ser un hombre de Dios!!

Mientras removía el carbón para tener fuego para hacer la cena Ana pensaba en todas las oraciones que debería elevar a Dios buscando de Su ayuda para saber responder a todas las inquietudes e interrogantes de su pequeño hijo.

Habrás notado cuán cuidadosa fue Ana al responder las preguntas de Samuel. No siempre resulta fácil… Si tienes un hijo pequeño o trabajas cuidando niños sabrás cuántas preguntas se les ocurren y…  no siempre las hacen en el momento más adecuado. Pero es cuando se les aparecen a sus mentes y es importante responderlas en ese preciso momento. Te preguntarás por qué es tan importante encontrar el momento de responderles.

Cuando el niño es pequeño no sabe guardarse las preguntas para otro momento, él necesita ya mismo saber la respuesta.

Puede ser que más tarde ya la olvidó. Por otro lado cuantas más preguntas le contestes más hará.

¡Qué paciencia debes tener!

¿Acaso alguna de nosotras le enseñamos a los niños a hacer preguntas?

-¿Y por qué? Y ¿Para qué?… ¿Y porqué mamá? ¿Y por qué, tía?…

¿Cómo es que se les ocurre una y otra vez preguntar cosas?

¿Sabes? Es la manera que Dios nos hizo a cada una de nosotras para que aprendamos. Si siempre dices a tus hijos que -estás ocupada, que- no tienes tiempo, que -no te puedo escuchar ahora… ¿Sabes qué pasará? Gradualmente dejarán de preguntarte.

Y si dejan de hacer preguntas dejarán de aprender.

El peligro es que le vayan a preguntar a otros. ¿Qué respuestas le dará ese otro que ocupará el lugar que te corresponde a ti como madre? ¿Te parece bien que algún amigo o desconocido eduque a tu hijo a su manera?

Estoy segura que todas quieren que a sus hijos les vaya bien en la escuela y que lleguen a ser adultos responsables y esforzados. Para ayudarles con el aprendizaje durante sus vidas debemos animarles y estimularles a tener interés y hacer preguntas. De parte nuestra responder de la mejor forma posible a sus inquietudes.

Y tú ¿Tienes la capacidad y la paciencia para responderles?

Así debería ser, porque cuando damos a los hijos buenas y claras respuestas de modo que puedan comprender, les estimulamos a hacer otras preguntas y así tener la posibilidad de aprender e indagar sobre otros asuntos del la vida.

Imagínate lo difícil que habrá sido para Ana vivir en una casa con tanta gente. Muchos niños y dos mujeres para un mismo esposo y un esposo para dos mujeres y un padre para muchos niños. Sin embargo Samuel creció y llegó a ser un gran hombre y profeta de Dios. De alguna manera Ana, se ingenió para educar y transmitir cosas buenas a su querido hijo.

Cuántas veces Ana sufrió los desprecios de Penina, la otra mujer de Elcana, pues ella tuvo varios hijos y poder tener hijos era un gran honor para la mujer de esos días. La estéril era discriminada. “Bueno”, diría ella, “al menos Dios te dio un hijo”

Y Ana oraría en su corazón: “Señor, guarda mi lengua de decirle palabras hirientes a esta mujer que también es esposa de mi marido.” “Pareciera que ella se goza haciendo mi vida miserable con sus comentarios, pero yo sé mi Dios que tú me amas de una manera especial y me aceptas como soy porque Tú me has creado así.”

Mientras Penina daba de comer a su pequeño bebé, Ana limpiaba la cocina después del desayuno y preparaba la harina para leudar y cocinar más pan para todos.

Como había que esperar que el pan se elevara, ella les contaba una bella historia acerca de su pueblo y de sus abuelos y de cómo Dios les cuidó en su peregrinar por el desierto.

Ponía especial cuidado que Samuel comprendiera lo que Dios quería para su vida.

“Un día enseñarás a otros lo que Dios quiere para ellos, vivirás en el templo y ayudarás al sacerdote a realizar las tareas.” Samuel fue un niño obediente y precioso para su mamá y la escuchaba con atención aprendiendo día a día muchas cosas.

Imagínate cuan difícil habrá sido la vida de Ana. El esposo decía amarla mucho pero él no podía estar a su lado todo el día pues necesitaba ir al campo a desarrollar las tareas propias de esa época. Mientras tanto la otra mujer se gozaba haciendo que Ana se sintiera miserable y despreciada. .

Ana no le respondía del mismo modo ni le contaba a su marido cuán difícil era esa convivencia. Aprendió a soportar en silencio y volcar sus angustias en oración a  Dios. Ella hacía largas oraciones y lloraba delante del Señor quien siempre escucha y responde a su debido tiempo. Aprendió a no ser quejosa y a dar lo mejor de ella a pesar de las circunstancias. La vida de su hijo fue moldeada por el ejemplo de una madre piadosa. Ella preparó a su hijo para que llegara a ser un gran hombre para la humanidad. ¡No te parece maravilloso encontrar mujeres así como Ana!

Y yo creo que las hay hoy día. Quizás tú que nos estás escuchando vives o trabajas con personas que no aman ni respetan a Dios. Personas que quieren hacer tu vida miserable,…un jefe, una compañera de trabajo, una suegra, un esposo.

Ana llegó a ser una mujer de un corazón lleno del amor de Dios y eso la capacitó para enfrentar las pruebas. Cuando enfrentamos tiempos difíciles debemos rogar al Señor que nos dé la capacidad y la sabiduría Divina para relacionarnos y vivir vidas productivas a pesar de todo.

Como madres cristianas debemos enseñar a los hijos del amor de Dios cada día para que ellos también sean más que vencedores en sus propias vidas mientras van creciendo e independizándose de nuestro cuidado.

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    2 comentarios para “Enseñando a los hijos”

    1. ana rios dice:

      Es uno de los pasajes que mas me emocionan en la biblia sera porque a traves de el me acerque al conocimiento de la palabra . Me lo leyeron pues yo estaba muy preocupada pues solo pude tener una hija y queria tener mas. Pues en realidad no pude tener otro hijo pero si empeze a comprender lo que significaba cuidarla darle su tiempo acompañarla en su crecimiento y que en la biblia podemos encontrar las respuestas que muchas mamas pudieramos tener.DIOS sabra por que no me dio un
      nuevo hijo EL lo quiso asi, pero siempre estuve rodeada de niños a los cuales enseñaba ,en los ultimos años, en barrios muy pobres,quisas ese fue el proposito de DIOS enb mi vida y hoy soy muy feliz por todo esto. Gracias por hacerme volver a este pasaje tan querido
      ANA RIOS

    2. veronica dice:

      en los programas que ustedes pasan por la radio he escuchado temas con referencia de la crianza de los hijos . me gustaria si ustedes pudieran orientarme ya que tengo algunonos problemitas conuno de mis hijos…porfavor necesito su respuesta.hasta pronto Dios le bendiga.

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