Querida amiga:
Gracias por doblar tu corazón y tus rodillas mientras oramos juntas este mes. Jesús dijo que todo lo que pidamos en Su nombre se nos dará. Sabemos que esto es verdad, pero a veces las montañas delante de nosotros parecen demasiado altas y no tenemos la fe “como una semilla de mostaza” para decir: “¡Montaña, quítate de mi camino!” Quiera Dios ayudarnos a aferrarnos a la promesa de Jesús que nuestra fe en Su poder, expresada en nuestra oración intercesora, haga que nuestras montañas se muevan.
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