Enseñando el respeto a nuestros hijos

Escuché la voz de un pequeño niño… Con profundo sentimiento él dijo: “Estoy enojado.” Una amable voz le respondió: “Está bien mi querido- luego hablaremos.” Curiosa como soy quise ver de quién se trataba. Pude ver a un pequeño niño sentado en el piso con su ceño fruncido. La madre de pie junto a él con mucha paciencia, luego de unos minutos le dijo: “¿Qué pasó hijo, por qué te has detenido?” Los dos conversaron un momento, se abrazaron y luego continuaron con las compras en el supermercado.

Qué paciencia la de esa mamá. Los niños pequeños suelen tener berrinches y enojarse cuando no logran tener algo. En un supermercado es fácil que el niño quiera tener cosas porque las ve y las desea… chocolates, dulces, juguetes… y muchas veces al no lograrlo se enoja.

Yo pensé que el niño sentado en el piso estaba enojado. Esperaba que la mamá reaccionara enojada también hacia el niño y le hablara palabras fuertes. Pero luego supe que él había hecho algo mal y se le pidió que se sentara un momento para pensar acerca de lo que había hecho. Mientras estuvo sentado allí, dije a la madre: “¡Buena respuesta- madre!” Ella me miró y me dijo: “¡Bueno, no quería criarlo de la manera que yo fui criada!”

¡Qué madre sabia!

Es cierto. No quise preguntarle cómo había sido criada ella, pero seguramente no habrá sido de la manera como esta mamá lo estaba haciendo con su hijo. Por lo visto había hecho algo mal y se le dio unos dos minutos para pensar ya que era un niño de unos dos años de edad. Lo sabio en la actitud de la mamá es que no le gritó ni lo arrastró de su brazo sino le dio tiempo de pensar acerca de lo que había hecho. Esta mamá mostró respeto por los sentimientos de su hijo.

Por lo general no es así. Las madres están estresadas, cansadas y con poca paciencia y tiempo como para hablarles con cariño y con suavidad. A muchas de ellas las escucho que les gritan a sus hijos con un lenguaje inapropiado, mientras que otras dejan que los hijos hagan lo que se les ocurra y no los corrigen en el momento justo.
Esta madre de la cual nos cuentas es una excepción entre muchas. Tener paciencia y saber esperar son cualidades escasas hoy día. Más bien se destacan la violencia e intolerancia entre los miembros de la familia.

Queremos justamente hablar de madres y actitudes diferentes. Una de ellas mostró respeto por su niño de dos años- ayudándole a aceptar y tratar con su conducta y sentimientos y por el otro lado alguien quien constantemente golpea a sus pequeños con palabras y conductas inadecuadas.

¿A qué nos referimos cuando hablamos acerca de respetar? El significado de la palabra “respetar” es valorar a alguien que tiene buenas cualidades o ha logrado buenas cosas. Lo opuesto al respeto sería ser grosero o irrespetuoso.

Podrías sorprenderte si sabes que la palabra “respeto” viene de una antigua palabra inglesa que significa “El acto de mirar atrás.” Esto nos muestra que para respetar verdaderamente a alguien necesitamos ver que son dignos de nuestro respeto ahora y también en el pasado.
Cuando nos referimos a las familias a todos los padres les gustaría que sus hijos los respeten. De hecho, muchos padres demandan el respeto de sus hijos. ¿Pero, realmente debemos demandar sus respetos? ¿Y cómo lograremos que nuestros hijos nos respeten?

Los hijos no nacen irrespetuosos- en realidad nacen con un instinto natural para amar a sus padres incondicionalmente. En la familia, los hijos muestran respeto hacia sus padres, siguiendo sus valores y obedeciendo sus reglas. Y nosotras las madres y los padres mostramos nuestro respeto de la manera en que hablamos a nuestros hijos. En los primeros años de vida de los niños, los padres son sus héroes. A la vista de sus pequeños ojos sus padres son perfectos y lo saben todo. Todo lo que dicen papá y mamá es cierto. Y ellos imitan o copian todo lo que los padres hacen o dicen.

Pero cuando los hijos crecen comienzan a pensar acerca de la manera en que sus padres les tratan y pueden decidir si a ellos les gusta o no. Al final cuando llegan a la adolescencia comienzan a comparar sus padres con los padres de sus amigos. “Mirando atrás” el adolescente puede ver que sus padres no siempre han demostrado respeto por otros. Entonces comienzan a aprender a ser “irrespetuosos.” Esta puede ser una dolorosa y desilusionante experiencia que produce mucho enojo.
Los padres a menudo quieren saber: “¿Qué le ha sucedido a mi feliz y amoroso hijo? Ahora es un irrespetuoso joven que me causa problemas y dolor.

La Biblia- La Palabra de Dios dice algunas palabras muy sabias: “Padres, no exasperen a sus hijos, sino, críenlos en la disciplina y en la instrucción del Señor.” (Efesios 6:4) Aquí está diciendo: Padres, no hagan cosas deliberadamente para irritar a sus hijos. Dios no está diciendo en Su Palabra que los padres necesitan mandar sobre sus hijos como si fueran dictadores. Esto producirá miedo hacia los padres. Tenerles miedo no es mejor que ser amados. El miedo se produce y termina antes o después y por lo general es seguido de profundos sentimientos de resentimiento y odio.
Por otro lado el amor es más poderoso que el temor y nunca termina. ¿Qué significa esto? Es mucho mejor demostrarles amor a tus hijos- explicarles las reglas y tratar de comprender cómo se sienten. Luego cuando crezcan será más fácil que te demuestren amor y respeto.

Eso es muy cierto y cuando observamos a los hijos y sus madres cómo los tratan podemos casi adivinar cómo será esa relación al ir creciendo.
Podemos pensar juntas acerca de cosas que a los adolescentes les resultan exasperantes de parte de sus padres.
Una de las más destacadas es la falta de comunicación. Casi siempre aparece en primer lugar. Los adolescentes sienten mucho dolor en sus corazones porque sus padres no los escuchan… no los comprenden y aún ni tratan de comprenderlos. Nunca se toman el tiempo para sentarse y tener una buena y paciente conversación sino más bien los tratan con impaciencia y como si no les importaran sus necesidades.
Elizabeth: Luego podemos nombrar padres muy ocupados. Los adolescentes sienten como que los padres no están interesados en sus vidas porque siempre están tan ocupados. Apenas los ven y nunca pasan tiempo de calidad juntos. No hacen alguna actividad juntos como para compartir, reír y jugar.

Y podemos mencionar el opuesto de lo dicho anteriormente. Están esos padres que se pasan encima de sus hijos grandes como si todavía fueran demasiado jóvenes como para permitirles salir solos a alguna parte, fuera de la vista de los padres.

Algunos adolescentes se quejan que sus padres no confían en ellos- sin razón alguna. Ellos dicen que sus padres les controlan constantemente, qué miran en la tele, con quién hablan por teléfono, y eso les llena de resentimiento.

Algunos adolescentes dicen que sus padres no toman sus asuntos en serio, no creen que sean cosas importantes.

Eso sucede y algunos padres le hacen bromas o se ríen de los “problemas” de sus adolescentes. Y piensan que no son cosas serias por las cuales preocuparse. Por ejemplo: Puede ser que tu hija adolescente está muy preocupada por ciertos problemas en la piel como los odiosos granitos. Pero el papá le dice que eso no es tan importante como su trabajo o su cuenta en el banco. Es cierto, puede que no sea, pero para ella sí es muy importante y cuando escucha al padre hablar de ese modo piensa que a él no le interesan sus cosas.

Otra queja de los adolescentes es cuando descubren que sus padres tienen un doble patrón o estándar de vida. Por ejemplo; hay padres que castigan a su adolescente por mentir y luego en cierta situación es el padre el que miente. Eso produce vergüenza y desilusión más bien que respeto.

Finalmente, los adolescentes a menudo son irritados por sus padres si el hogar no es un lugar de paz. Hay mucha tensión en esa casa… siempre hay peleas y mal humor. No se habla, todo es gritos y rezongos. No se viven momentos de alegría. Realmente parece una casa de locos. El adolescente quiere salir corriendo e irse a la calle.

Hemos dicho que los hijos nacen amando incondicionalmente a sus padres. ¿Qué pueden hacer los padres entonces para asegurarse que permanezca de esa manera aún cuando crecen y llegan a adolescentes y a jóvenes adultos?

Lo opuesto a “exasperar” es “animar” Animar significa: “dar esperanza y confianza”; ayudar a alguien a desarrollarse, inspirar, disfrutar. ¿Cómo lo logramos? Con palabras y acciones, dándole a los hijos que han crecido nuestra atención y confianza. Quizás pensemos que los adolescentes no necesitan tanto tiempo con sus padres… pero ¿sabes? Necesitan más tiempo. Ellos necesitan saber que sus padres quieren pasar tiempo con ellos… y que disfrutan estando juntos.
Quiero contarte esta historia: “Un hijo y su padre habían compartido una tarde juntos.
El padre había estado contando a su hijo cosas de su propia vida. Al punto que su hijo, lleno de admiración dijo: “Papá, cuando yo crezca yo quiero ser como tú.” El sabio padre miró a los tiernos ojos de su hijo y dijo: “Hijo, yo espero que tú puedas ser mejor aún.”
Este es el ejemplo perfecto de admiración que se torna en profundo respeto por el padre y amor y ánimo que expresa respeto por el hijo.

Estoy segura que nos sirve para aprender cada una de nosotras a mostrar respeto por nuestros niños de manera que ellos aprendan a respetarnos a nosotras.
Lo que ven en nosotras día a día va marcando sus vidas para siempre. Démosle nuestros ejemplos de vida.
Amiga: ¿Te gustaría compartirnos alguna anécdota de tu propia vida? Escríbenos.

1 Comentario

  1. Iris dice:

    Siento que no he sido una buena mama mis hijos me causan mucho estress aveces solo quiero un poco de silencio quiero mejorar esto y demostrarle que los amo mucho aun son pequeños 2 y 7 años quiero que tengan buenos recuerdos de mi, pero no se como manejar cuando se ponen con muchos berrinches mas que todo la pequeña cualquier consejo es de mucha ayuda

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