Jesús el maestro explica la verdadera felicidad

Agradezco a Dios el modelo de vida que pude encontrar en mis padres; ellos con su conducta diaria me enseñaron lo que es el respeto y la valoración de las personas que me rodean. Yo aprendí mucho siendo niña de lo que hacía mi madre. Ella hacía lo que decía. Fue una mujer admirable difícil de olvidar. Los niños aprenden de lo que ven y escuchan de nosotras.
Tengámoslo en cuenta y seamos consientes que ellos nos observan y nos escuchan.

Queremos hablar ahora acerca de las cosas que Jesús hizo y enseñó. Jesús fue muy bien conocido por sus enseñanzas, aunque no fue un maestro religioso oficial y no enseñaba en un salón de clase. En la Biblia, la Palabra de Dios podemos leer lo que decía Jesús. (Mateo 5: 1-10). Quiero que leamos en Mateo capítulo 5. A estas palabras de Jesús se les llaman las Bienaventuranzas o bendiciones, porque nos hablan acerca de quiénes son las personas felices o bendecidas. Estas palabras llegaron a ser muy conocidas.
Jesús había estado recorriendo los alrededores del distrito de Galilea, enseñando en los lugares de adoración acerca de las buenas noticias del Reino de Dios y sanando toda clase de enfermedades. Grandes multitudes comenzaron a reunirse donde sea que él estaba enseñando, demasiadas como para estar cómodas en las casas. (Mateo 4: 23-25) Así que un día Jesús subió a la montaña cerca del Lago de Galilea y se sentó para enseñar a sus seguidores. Jesús dijo:

“Felices los pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Felices los que lloran, porque ellos serán consolados.
¡Felices los humildes, porque ellos recibirán lo que Dios les ha prometido!
Felices aquellos que tienen hambre para agradar a Dios.
Dios satisfará su hambre.
Felices los que son misericordiosos con otros. Dios les mostrará misericordia.
¡Felices los de corazón puro, porque ellos verán a Dios!
Felices los que son perseguidos por hacer lo que Dios quiere, porque de ellos es el Reino de los Cielos!” (Mateo 5: 1-10)

Pensemos por un momento lo que nos dice Jesús aquí. Parece estar diciéndonos lo opuesto a lo que la mayoría de las personas piensan. Por lo general no queremos ser pobres, o sufrir o humillados o mostrar misericordia cuando nos lastiman. Y en especial, no queremos ser perseguidos! Pero Jesús está diciendo cómo ve Dios la situación y que serán recompensados porque ellos miraron a Dios y le fueron fieles.

Cuando lo pensamos desde el punto de vista de Dios, estas palabras tienen sentido.
Si estás soportando tiempos de sufrimiento y te vuelves a Dios, sentirás su consuelo. Su amor y su compasión son grandes para con aquellos que están sufriendo. Si eres humilde más bien que estar pensando que eres lo suficientemente buena para agradar a Dios sabrás que necesitas de la gracia y la bondad del Señor. De ese modo abrirás tú corazón para recibir el amor y la gracia que Dios quiere darte.

Jesús a través de sus palabras desea enseñarnos que por medio de los momentos difíciles aprendemos a ser como Él. Aprendemos por el ejemplo. Jesús demostró de diferentes maneras su humildad. En cierta ocasión puso agua en una palangana, se inclinó y lavó los pies de sus discípulos. Él les animó a servirse unos a otros de igual modo. Lo último y más grande que Jesús hizo fue dar su vida por nosotros. Ejemplo maravilloso a seguir- dar nuestra vida, nuestro tiempo, nuestro amor para ayudar a quienes nos rodean y nos necesitan.
Si hacemos tales cosas, Jesús dijo que nos traería bendición y felicidad. Es muy fácil ser orgullosa, a menudo muy difícil pedir perdón a otros, o ser egoístas pensando sólo en nuestros deseos en vez de agradar a Dios que hizo lo mejor por nosotras.
Jesús nos enseñó por su ejemplo cómo podemos ser verdaderamente felices y bendecidas por Dios. Él fue y es un gran maestro, no temamos imitarlo en todo.

1 Comentario

  1. Claudia Alejandra Escudero dice:

    Hermoso,Jesucristo es nuestro único ejemplo a seguir.

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