Dios Cuida de las Aves

¿Has visto alguna vez a un pájaro construyendo su nido? Es algo fascinante verle volar una y otra vez recogiendo palitos y cosas suaves para formar su cómodo y adecuado hogar donde poner sus huevos y luego poder cuidar de sus pichones hasta el día en que crezcan y puedan volar como pájaros maduros

¿No es eso lo que los padres desean para sus hijos también? Pero como humanos cuando las circunstancias de nuestra vida están fuera de control, tragedias pueden suceder. En momentos así, sólo Dios puede proveer la ayuda y el consuelo que necesitamos.

Porque Dios es un Dios de misericordia y amor, sabiduría y gracia. La Biblia nos enseña que Dios es un Padre amoroso. El Señor Jesucristo en una ocasión dijo: “Mirad las aves del cielo, que no siembran ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre Celestial las alimenta. ¿No son ustedes de mucho más valor que ellas? (Mateo 6:26)

Edmund, esposo de nuestra amiga Marli nos compartió cómo Dios cuidó de él y su familia cuando era un niño de tan sólo seis años de edad. La Segunda Guerra Mundial estaba llegando a su final y el día de su cumpleaños su madre y sus cuatro pequeños hijos, tuvieron que escapar  de los ejércitos que invadían su país. Durante cinco meses tuvieron que ir de un campo de refugio a otro. A menudo no tenían ni idea si encontrarían un lugar para dormir o un pedazo de pan para comer. La mamá era una mujer que creía en Dios y en las promesas de la Biblia. Junto a sus cuatro hijos ella oraba a Dios cada día pidiendo Su ayuda. Esta madre sabía que a menos que ocurriera un milagro ellos morirían de hambre. Cuando tenían hambre, estaban enfermos o tristes y aún cuando su hijita murió, ella les enseñó que la presencia de Dios siempre era real y consoladora. Dios les dio paz y fe en medio de tanto sufrimiento. Edmund y sus hermanos aprendieron desde pequeños que Dios es fiel.

Pasando los años, Edmund pudo comprobar de una manera notable, que el Señor cuida de ellos como lo hizo en los campos de refugiados en Europa del Este cuando era un niño. Sucedió entonces algo muy trágico en su familia. El hijo de Edmund y Marli de 28 años de edad falleció debido a un terrible accidente. Fue muy duro comprender que Dios tenía un propósito pero ellos comprobaron que los caminos de Dios no son nuestros caminos y los pensamientos de Dios no son nuestros pensamientos. Él es perfecto en todo lo que hace, aún cuando no podemos comprenderlo.

Estando con tanto dolor y sufrimiento, se sumó que Marli su esposa, se enfermó.  Él había comenzado un nuevo trabajo y tenían muy poco dinero. Así que todo eso les tenía muy desanimados. Oraban y esperaban en Dios. Entonces algo maravilloso sucedió. Justo frente a la puerta de su casa un pequeño reyezuelo, un pájaro cantor, comenzó a construir su nido en una de las plantas de Marli. Dios les habló por medio de esta ave.

Marli fue la primera en notarlo. Observaron y siguieron cada día cómo construía su nido con palitos y plumas suaves. Estaban maravillados de este pequeño arquitecto.

Tan pronto como el nido fue acabado el pájaro depositó allí dos huevos. Marli recordó las palabras de Jesús: “Mirad las aves del cielo, no siembran ni siegan, ni recogen en graneros, sin embargo vuestro Padre Celestial las alimenta. Y tú eres de mucho más valor para Él que ellas.” Pasando los días había cinco pequeños huevos en el nido.

Dios habló al corazón de Marli y Edmund diciéndoles que estaba atento a todas sus necesidades. Pensaron en su hijo Fabio que había partido de este mundo al cielo y que allí estaba siendo cuidado por Dios. Fue una dura experiencia pero ese día Dios  les consoló  a través´ de ese pequeño pájaro haciéndoles recordar que Dios cuida de nosotros de la misma manera que cuida de su creación.

Pasando los días, una mañana al abrir la puerta vieron que el nido estaba vacío. Las aves estaban cantando desde las ramas del árbol. Ellos sintieron el deseo de alabar a Dios también con gratitud en sus corazones por tener a Dios en sus vidas como un Padre amoroso. No sólo Dios cuida de las aves sino también a cada uno de nosotros.

Oremos juntas: Gracias Dios por ser nuestro refugio, nuestro proveedor y nuestro amante Padre. Ayúdanos a confiar en ti siempre: en los días buenos y también en los días malos. Protégenos y guíanos en nuestros días futuros. Que te seamos siempre fieles. Amén

Amiga, si pusiste tu confianza en Jesús como tu Salvador y Maestro, puedes estar segura que Él cuidará de ti. Estará contigo en momentos de alegría y de dolor. Confía en Jesús con todo tu corazón.

 

 

 

 

 

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