Ayuda para padres solos

Porque el amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado”. – Romanos 5:5

Sabemos que muchas veces hay amigas que no tienen con quien compartir sus inquietudes ni a quién contarle sus alegrías y sus dolores. Tal cosa puede suceder con aquellas que son madres solas o padres solos. Si eres una madre o padre solo ya sea por causa del divorcio o la separación, entonces y probablemente estarás pasando por muchos sufrimientos y quizás te invaden sentimientos de amargura. Cuán importante es para ti perdonar los errores que te ha hecho alguien más. Por unos minutos vamos a reflexionar acerca de cómo ayudar a aquellos que están más solos para resolver sus asuntos personales y de la familia.

Conocí a una joven mamá que primero fue abandonada y luego su esposo se divorció de ella quedando muy sola con sus hijos para enfrentar la vida diaria. Ese hombre había representado todo para ella. Era lindo, joven, dinámico, muy trabajador y aparentemente tenía todo bajo control. Sin embargo fallaba en controlar sus emociones y un día se enamoró de otra mujer causando mucho dolor y tristeza a toda su familia. Sus amigas pensaron que ella colapsaría bajo tanto dolor. Nadie sabía cómo podría sobrevivir, teniendo que criar a tres hijos ella sola. Muchas de nosotras la ayudamos y fue lindo ver a amigas y familiares respaldándola y ayudándola de muchas maneras. Sin embargo, cada noche cuando mi amiga iba a su cama allí estaban… la soledad, el dolor… golpeándola directo a su rostro. Los fríos sentimientos del rechazo, la culpa y el enojo, eran su constante compañía día a día.

¿Has tenido que enfrentar una situación como ésta en tu vida? Tal vez tienes a alguna amiga que está pasando una situación similar. Tremenda situación, muy difícil de procesar en la mente de cualquiera de nosotras. Si pasara que tu mundo privado ha colapsado y has sido dejada sola, ¿qué puedes hacer entonces? Algunas cosas que hacen las personas: Se enojan, gritan, protestan y luego atacan a su esposa o esposo. Algunas pretenden que eso nunca hubiese sucedido. Algunas se retraen o apartan, se van lejos, se mudan sin dejar una dirección. Luchan con un sentido de fracaso, estando seguras que ellas han sido el problema del fracaso. Se sienten culpables y vuelcan su frustración sobre sus hijos. Algunas se ocupan tanto en sus quehaceres que no les queda tiempo para pensar en lo que les está pasando. Y algunas comienzan a planificar una revancha o venganza. He sabido de algunas mujeres que se entregan a la bebida o a la droga como un último intento de deshacerse de su pena. Cuando el esposo de mi amiga la dejó, ella me dijo: “Sólo quisiera dormirme para nunca más despertar”.

Como puedes ver, cuando la vida colapsa, eres incapaz de funcionar apropiadamente, paralizada por el temor, el enojo y la tristeza. Pero la realidad es que la vida continúa. No hay manera de detener el tiempo. No hay un arreglo rápido para la enfermedad del corazón, especialmente esta clase de trauma. Sin embargo, debes comprender que aunque te convenzas a ti misma o tu esposo te convence que eres buena para nada, Dios no piensa así. A la vista de Dios eres una persona digna y de valor. Cuando alguien en tu vida te abandona, tienes que saber que Dios no te abandona. Él ha dicho en Su Palabra la Biblia: “Nunca te abandonaré, ni jamás te desampararé” (Hebreos 13:5). Por favor, no te vayas de Su lado. Búscale para tener Su ayuda. Si puedes, lee la Biblia, la Palabra de Dios. Si no puedes leer escucha los programas o busca alguien que te lea. No sé qué quiere Dios para tu vida, pero no quiere que los matrimonios se rompan (Malaquías 2:16). El Señor actuará en tu favor. Te dará consuelo y traerá paz a tu corazón. La Biblia enseña que la venganza pertenece a Dios (Hebreos10:30). No trates de hacer justicia por mano propia. Recuerda, puedes contar con la fuerza que te da el Espíritu Santo de Dios. Puedes orar y entregar tu situación a Dios. Si pones tu confianza en Él, te librará del mal.

¿Qué cosas prácticas puedes hacer? Si tienes hijos, sabrás que ser una madre sola requiere de tu parte que estés ocupada cada minuto del día. Así que debes aprender a manejar tu tiempo y tu dinero sabiamente. Tendrás que aceptar que no puedes hacer todo y estar en todo para tus hijos. Tendrás que aprender a decidir que habrá cosas que quedarán sin hacer. Tendrás que aprender a detenerte para descansar y no sentirte culpable por lo que no pudiste hacer. Debes concentrarte en lo que es verdaderamente importante y DEBE ser hecho. Tendrás que pedir ayuda y encontrar alguna persona amable que te dé una mano; entre tus familiares o amigas. Tendrás que aprender a no aferrarte a tu pasado y aprender a manejar tus emociones. No será fácil, pero busca ayuda en la familia o amigas. Es muy fácil sentirte amargada cuando piensas que alguien te ha hecho tan terrible mal. Pero debes saber que la amargura te carcomerá hasta el alma y te robará el gozo. Tendrás que aprender a perdonar. Nunca olvidarás a tu ex esposo. Tus hijos serán un constante recuerdo de él. Es parte de tu vida para siempre. Pero puedes recordarle sin sufrir ya más si aprendes a perdonarlo. Comienza a orar con una buena amiga cristiana que esté dispuesta a acompañarte por este áspero camino. Verás cómo Dios te ayudará a sobreponerte por encima de las circunstancias.

Un día cuando Jesús estuvo hablando a sus discípulos les dijo: “Habrás oído que fue dicho: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen. De esa manera estarán actuando como verdaderos hijos de vuestro Padre que está en los Cielos”. (Mateo 5: 43-45)

Puede ser que te sientas muy sola, pero recuerda que no vas sola por esta trágica experiencia de la vida. Sabemos de otros que van atravesando este valle de lágrimas. Algunas amigas nos han compartido como lo han transitado tomadas de la mano del Señor y cómo las ha ayudado y animado. Si estás en un momento difícil de tu vida, clama a Dios y pídele auxilio. Él es tu protector. Jesucristo te librará y te dará Su paz como lo ha prometido. No olvides que Dios nos ha prometido como dice Su Palabra la Biblia: “Nunca te dejaré ni te olvidaré”.

Aprender a perdonar es tan vital para nuestra salud mental, física y espiritual. Recuerdo la historia de una mujer de nombre Corrie Ten Boom, una mujer austríaca que fue puesta en prisión en un campo de concentración alemán. Su hermana murió de hambre frente a los ojos de Corrie. Pasando los años ella misma describió esta experiencia conmovedora cuando estaba hablando sobre el perdón:

“Fue en una iglesia en Munich donde yo lo vi, un hombre calvo, grande, en un sobretodo gris, un sombrero marrón de felpa dando vueltas en sus manos. Las personas iban saliendo del sótano donde yo había hablado, caminando en fila entre las sillas hacia la puerta de salida. Era 1947 y yo había venido de Holanda a la Alemania derrotada, con el mensaje que Dios perdona. Era la VERDAD que ellos más necesitaban escuchar en aquel país amargado y bombardeado y yo les di mi mejor impresión mental. Quizás porque el mar nunca está lejos de la mente Holandesa, me gustaba pensar que era allí donde los pecados eran arrojados. “Cuando confesamos nuestros pecados” Yo dije “Dios los arroja a lo más profundo del océano donde se van para siempre. Y aunque no puedo encontrar un pasaje bíblico para eso, creo que Dios luego colocó un cartel que dice: “AQUÍ NO ESTÁ PERMITIDO PESCAR”. La gente escuchó en silencio, en silencio recogió sus sacos y en silencio dejó el lugar. Fue entonces que yo lo vi, caminando en sentido contrario a los demás. En un momento yo vi el sobretodo y el sombrero marrón; y luego un uniforme azul y un gorro con vizor con un cráneo y huesos cruzados. Se me vino como una ráfaga; el inmenso lugar con sus luces sobre nuestras cabezas, la patética pila de vestidos y zapatos en el centro del lugar sobre el piso; la vergüenza de caminar desnudas delante de ese hombre. Podía ver la frágil forma de mi hermana delante de mí, sus filosas costillas bajo su piel. Y dije: ¡Betsie, qué delgada que estás! El lugar era Ravensbruck y el hombre que estaba yendo hacia donde yo estaba había sido un guardia- uno de los más crueles. Ahora él estaba en frente a mí extendiendo su mano: “¡Qué lindo mensaje, hermana!” ¡Qué bueno saber, como usted dijo, que todos nuestros pecados son arrojados al fondo del mar! Y yo, que había hablado tan fervorosamente del perdón, tanteaba dentro de mi bolso de mano más bien que estrechar esa mano. Él no me recordaba, por supuesto- ¿cómo podría recordar a una prisionera entre aquellas miles de mujeres? Pero yo lo recordaba a él. Yo estaba cara a cara con uno de mis captores y mi sangre pareció congelarse. Usted mencionó Ravensbruck en su charla” continuó el hombre- “Fui un guardia allí”. No, realmente él no me recordaba”. Pero desde ese tiempo”… continuó… “Yo llegué a ser cristiano. Yo sé que Dios, me perdonó por las cosas crueles que hice allí, pero quería oírlo de sus labios también, hermana” Y otra vez la mano se extendió- “¿Me perdonaría, usted?”. Y yo permanecía allí, sabiendo que mis pecados fueron perdonados una y otra vez, y no podía perdonar… Betsie había muerto en ese lugar…”. Habían sido unos pocos segundos que él estaba de pie allí – con su mano extendida- pero a mí me parecieron horas mientras yo luchaba con la cosa más difícil que jamás tuve que hacer. Yo debía hacerlo-yo lo sabía. El mensaje de que Dios perdona tiene una condición prioritaria; que nosotras perdonemos a aquellos que nos han lastimado. “Si tú no perdonas los pecados de otros” dijo Jesús “tampoco tu Padre en los cielos perdonará tus pecados”. Yo sabía que no solamente era un mandamiento de Dios, sino una experiencia diaria. Ya que desde el final de la guerra yo había estado en un hogar en Holanda para víctimas de la brutalidad nazi. Aquellos que fueron capaces de perdonar a sus anteriores enemigos eran capaces también de retornar al mundo de afuera y reconstruir sus vidas, no importando sus cicatrices. Aquellos que anidaban sus amarguras permanecían inválidos. ¡Era tan simple y tan terrible como eso! Y yo aún estaba allí con una frialdad que tenía preso mi corazón. Pero perdonar no es una emoción- yo lo sabía. Perdonar es un acto de la voluntad- una decisión que debía hacer….. Oré en silencio -¡Jesús, ayúdame! ¡No puedo levantar mi mano! Que pueda hacerlo. Suple los sentimientos”. Y tan mecánicamente, extendí mi mano y la estreché con la suya. Y cuando lo hice algo increíble sucedió. Desde el hombro y hasta nuestras manos estrechadas me recorrió una corriente y ese calor sanador parecía fluir por todo mi ser llevando lágrimas a mis ojos. ¡Lo perdono, hermano!” grité “¡Con todo mi corazón!”. Por un momento sostuvimos nuestras manos estrechadas, el anterior guardia y la anterior prisionera. Nunca conocí el amor de Dios de manera tan intensa. Pero aún así, me di cuenta que no era mi amor aunque lo intenté pero no pude. Fue el poder del Espíritu Santo como dice en Romanos 5:5: “Porque el amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado”.

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