Fiebre

¿Te has tocado tus mejillas y sientes que te arden? Podría ser que estás con fiebre. Cuando la temperatura del cuerpo de una persona es demasiado caliente, es que tiene fiebre. La fiebre en sí misma no es una enfermedad, pero puede ser señal de muchas diferentes enfermedades. Una fiebre alta puede ser muy peligrosa, especialmente para un niño pequeño. Las fiebres causan que el cuerpo pierda agua muy rápidamente y esa pérdida de líquido conduce a la deshidratación, especialmente en los niños. La deshidratación sucede cuando el cuerpo pierde más líquido del que toma. Así que es importante que el niño tome mucho líquido. A los niños les gusta tomar los líquidos con una pajita, eso hace que tomar agua sea más fácil para ellos de esa manera. Al ir creciendo de seguro tomarán directamente del vaso. Lo importante es que tomen bastante agua cada día.

¿Cómo podemos saber que nuestro hijo está deshidratado? ¿Cuáles son los síntomas? Una de las primeras señales de deshidratación es sentir sed a menudo. Si una persona no está orinando regularmente o la orina es de color amarillo oscuro, muestra que no está teniendo suficiente líquido en su cuerpo. Si sus ojos se ven hundidos, no hay lágrimas, o hay un hundimiento en el sitio suave arriba en la cabeza de un niño, podría ser deshidratación. Con la deshidratación, la piel no es tan flexible y estirada. Una simple prueba es levantar suavemente la piel de la persona con el dedo pulgar y el índice y soltar. Si la piel no se pone normal rápidamente, la persona está deshidratada. La deshidratación severa y la fiebre pueden causar que el pulso se acelere, que la respiración sea poco profunda o aun convulsiones.

Si crees que tu hijo está deshidratado, es mejor que lo lleves al doctor  inmediatamente para saber qué consejo te dará. Cuando una persona tiene fiebre, no debes envolverla en la manta pues puede ser peligroso. Puede subirle la temperatura y ponerse más alta. Más bien debes quitarle ropa, colocarle paños mojados con agua fresca en su frente, en las sienes y en su cuello. También podrías darle un baño en agua tibia. Si la fiebre es superior a los 38 grados puedes darle paracetamol o ibuprofeno. Sigue las indicaciones del doctor. La aspirina no es recomendable para menores de 12 años. Seguramente la fiebre le hará perder el apetito, por tanto podrías ofrecerle 5 o 6 pequeñas comidas al día y líquido en pequeños sorbos cada 15 minutos. Puedes ofrecerle agua fresca o agua de arroz.

Si además de fiebre tiene diarrea o vómitos, es importante seguir dándole líquidos porque con estos síntomas el niño se deshidratará más rápido aún. Una persona adulta necesita beber tres litros de agua al día; un niño pequeño por lo menos un litro de agua al día. Aun si estuviere con vómitos debe tomar pequeños sorbos a lo largo del día. Algo de ese líquido permanecerá en el cuerpo y le ayudará a recuperarse.

Si tienes un hijo pequeño con fiebre, deberías llevarlo al doctor inmediatamente o llamar a domicilio. Podría estar incubando una seria enfermedad y será necesario que el profesional lo vea lo antes posible. Es importante que las mamás sepan cómo cuidar de un niño cuando está con fiebre. Como hemos dicho, lo principal es que tome mucho líquido, no arroparlo demasiado y ponernos en contacto con su doctor lo antes posible para un pronto diagnóstico médico.

Lo siguientes síntomas podrían estar indicando que hay una seria enfermedad que necesita atención médica inmediata:

  • Si la fiebre sube a 40 grados
  • Si llora y no lo puedes conformar
  • Si tiene algún dolor y se siente irritable aunque le hayas bajado la fiebre
  • Si tiene dificultad para despertarse o se le ve confuso
  • Si su respiración es dificultosa o tiene tortícolis o cuello tensionado

Si vives lejos de un centro médico, hoy en día es más fácil hacer un contacto telefónico con el profesional para preguntar cuáles serían los primeros auxilios a tener en cuenta con el paciente y concretar la visita luego para que lo vea personalmente.

Esperamos que estés preparada para cuidar de tus hijos y ayudarles a tener una buena calidad de vida.
¡Los adultos también nos enfermamos por tanto el saber no ocupa lugar!

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