Escogiendo a los discípulos

Vengan, síganme —les dijo Jesús—, y los haré pescadores de hombres”.
Mateo 4:19

 

Pescar es una de las más antiguas profesiones. Durante el tiempo en que el Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo, vivió en la tierra hace ya más de 2000 años (y aún mucho antes de eso) las personas pescaban y comían pescados, y probablemente eran más sanos que nosotros. Cuando Jesús comenzó su trabajo enseñando a la gente acerca de Dios, escogió a doce hombres para que fueran sus discípulos, sus amigos y seguidores cercanos. Cuatro de ellos eran pescadores. Quiero que escuches qué sucedió ese día como lo relata la Biblia, la Palabra de Dios:

Mientras Jesús caminaba junto al Mar de Galilea, vio a dos hermanos: a Simón, que es llamado Pedro, y a su hermano Andrés. Estaban echando una red en el mar, porque eran pescadores. Y les dijo: “Síganme y los haré pescadores de personas”. Inmediatamente dejaron sus redes y lo siguieron. Cuando se fue de allí, vio a otros dos hermanos. Santiago hijo de Zebedeo y su hermano Juan en el bote con su padre Zebedeo, remendando sus redes y les llamó. Inmediatamente dejaron el bote y a su padre y le siguieron”. Mateo 4:18-22

Detengámonos un momento aquí y pensemos acerca de estos hombres. Eran hombres sencillos. Quizás nos llame la atención que Jesús haya escogido a hombres comunes como aquellos pescadores para que fueran sus amigos y discípulos. ¿Por qué escogió a gente tan sencilla? Podría haber escogido a intelectuales o alguien con habilidades muy especiales. Además de los pescadores, los otros también eran personas comunes con poca riqueza o posesiones. Tenían trabajos ordinarios, no eran de un estatus social especial ni educación especial, tampoco una sabiduría o poder especial. Jesús quiso tener junto a él a personas comunes que pudieran tener un trabajo y hacerlo extraordinariamente bien. Escogió a esos hombres no por lo que eran sino por lo que llegarían a ser mientras les enseñaba y mostraba su sabiduría y poder.

¿Qué quería Jesús de estos discípulos? Mientras leemos la Palabra de Dios descubrimos que los doce discípulos que Jesús escogió tenían muchas debilidades. Pero “Jesús les dio autoridad sobre los espíritus inmundos para echarlos fuera y para sanar toda enfermedad y toda dolencia” (Mateo 10:1). De esta manera tornó sus debilidades en fortalezas. Tornó sus inutilidades en grandezas. Les señaló la importante tarea de compartir las buenas nuevas acerca del perdón de los pecados a través de Jesucristo.

Quiero que escuches otra historia de la Palabra de Dios de algo que sucedió como tres años después. Este es un relato muy impactantes de la vida de Jesús. Él murió en una cruz de madera y fue puesto en una tumba. A los tres días algo maravilloso sucedió. Escucha este relato:

Un día, Simón Pedro dijo a sus amigos: “Voy a pescar”. Ellos le dijeron: “Vamos nosotros también contigo”. Salieron entonces y entraron en la barca, pero aquella noche no consiguieron nada. Al amanecer Jesús se presentó en la playa, aunque los discípulos no se daban cuenta de que era Jesús. Entonces Él les dijo: “¿Hijitos, no tenéis nada de comer?”. “No”, le respondieron ellos. Luego Él les dijo: “Echad la red al lado derecho de la barca y hallaréis”. La echaron, pues, y ya no podían sacarla por la gran cantidad de peces. Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: “¡Es el Señor!”. Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor se ciñó el manto, pues se lo había quitado y se tiró al mar. Los otros discípulos llegaron con la barca, arrastrando la red con los peces; porque no estaban lejos de tierra, sino como a doscientos codos. Cuando bajaron a tierra, vieron brasas puestas, con pescado encima y pan. Jesús les dijo: “Traigan de los pescados que ahora han pescado. Entonces Simón Pedro subió y sacó a tierra la red llena de grandes pescados, 153 de ellos; y aunque eran tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo: “Ahora vengan y coman”. Jesús entonces tomó el pan y les dio, y también hizo lo mismo con el pescado. Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos después de haber resucitado de los muertos”. Juan 21:1-14

¡Qué gran desayuno habrá sido ese! ¡Pescado fresco y pan recién hecho, preparado para ellos por las manos de un amigo muy especial! Pero me gustaría saber qué pensaron cuando habían pasado toda la noche pescando sin haber sacado nada. ¿Cómo te sentirías tú? Muy desilusionada, imagino. ¡Además del cansancio y del hambre! Y cuando un desconocido se acerca y te dice “tira la red del otro lado”, ¿qué pensarías? Quizás le dirías: “¿Cuál es la diferencia entre echarla de un lado o del otro de la barca?”. Pero ellos obedecieron y el milagro se produjo. ¡Sus redes se llenaron de peces!

Hay algo aquí que necesitamos comprender y aprender. No necesitamos ser perfectas para hacer la obra de Dios. Así que si piensas que no eres nadie especial, que eres una persona común y que Dios no podrá usar a una persona como tú, piensa que Dios es un extraordinario Dios que usa gente sencilla para hacer cosas extraordinarias para Él en este mundo. Espero que estos pensamientos y estas palabras sean de ánimo para ti. Debes alabar a Dios porque Él usa a personas comunes como tú y yo. Jesús no ha elegido a los más ricos, a los más nobles, ni a los más religiosos y bonitos para ser sus discípulos. Nos eligió a nosotras, personas sencillas, con faltas como tú y yo, y quiere que le sirvamos en este mundo. Por eso, cuando el Señor te llama a trabajar para Él, no le des excusas ni pienses que no puedes hacerlo. Él te necesita y quiere hacer grandes cosas a través de tu vida. Dale gracias a Dios por este privilegio de poder servirle como lo hicieron sus discípulos.

Dios tiene un plan para cada una de nosotras. Él se agrada que leamos su Palabra, pasemos tiempo en oración, le obedezcamos y estemos dispuestas para ser usadas por Él en lo que desea. Agradezcamos a Dios por sus misericordias, por sus cuidados para con nuestras vidas. Pidámosle que nos ayude a ser amables, fieles a Él y humildes. Que mostremos el amor de Dios amando a los que nos rodean y haciendo cosas buenas para Dios y nuestros prójimos.

Así lo expresa una hermosa canción que dice lo siguiente:

Anhelo trabajar por el Señor. Confiando en Su Palabra y en Su amor.
Quiero yo cantar y orar y ocupada siempre estar. En la viña del Señor.

Anhelo cada día trabajar, y esclavos del pecado libertar.
Conducirlos a Jesús, nuestro guía, nuestra luz
En la viña del Señor.

Anhelo ser obrero de valor, confiando en el poder del Salvador
El que quiera trabajar hallará también lugar
En la viña del Señor.

 

Hermosas palabras de esta canción. ¡Qué privilegio nos da el Señor: ser obreros de Su viña y servirle a Él cuando servimos a los demás! Amiga, no importa quién seas, si tienes a Dios en tu vida eres una persona de valor. Puedes sentirte privilegiada también poniendo los dones que Dios te dio a Su servicio y para bendecir a quien tienes a tu lado.

 

Así como llamó a sus discípulos, hoy día también nos llama a seguirle y servirle. No desoigas su llamado.

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