La paz esencial

Cuando escuchas la palabra “paz”, ¿acerca de qué piensas? ¿Asocias la paz con la manera en que te sientes o piensas acerca de la paz del mundo? ¿Piensas en tu familia o en la falta de paz en tu hogar? ¿Te gustaría tener una vida más pacífica? Quizás hasta te preguntas si la paz realmente en posible. Los individuos, las familias, las comunidades y las naciones experimentan conflictos. Es triste pensar que hay muchos conflictos que se están produciendo en muchos lugares del mundo. Jesús mismo dijo: “En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo”. Por eso cuando pasamos tiempo disfrutando de la presencia de Dios y de su creación, experimentamos un verdadero sentido de la paz de Dios.

Todos necesitamos algo de paz en nuestras vidas. Después de un año de intenso trabajo y preocupaciones, qué bueno es salir a caminar por un bosque o por la playa, sentir la brisa acariciando nuestros rostros o aspirar el aroma de las flores del campo. En este mundo atribulado donde hay guerras, peleas e inseguridad, ¿cómo podemos encontrar la verdadera paz?

Cuando Jesús el Hijo de Dios caminó sobre la tierra, a menudo habló acerca de la paz. Antes de que lo pusieran sobre la cruz de madera, estuvo diciéndole a sus discípulos todo lo que le iba a suceder. Les dijo que moriría y que resucitaría nuevamente y retornaría al cielo con Su Padre; que si creían en Él tendrían esa nueva vida. Les dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre si no es a través de mí” (Juan 14:6). Antes de partir, Jesús les dejó una promesa: “Les voy a dejar un regalo; paz en el alma. Y la paz que yo les doy no es como la paz que el mundo da. Por tanto no teman” (Juan 14:27).

¿Qué quiso decir? Creo que Jesús estaba hablando de la paz esencial, una paz que permanece en nuestros corazones y mentes, no importando qué esté sucediendo a nuestro alrededor. La paz que viene de conocerle y confiar en Él. La paz que el mundo da es por lo general entendida como la ausencia de conflictos o guerras. Pero la paz que tenemos en Jesús permanecerá con nosotros en cualquier circunstancia. Con la paz que viene de Dios no necesitamos preocuparnos por el pasado, estar ansiosas por el presente o temer al futuro. Jesús nos ofrece una paz real, de corazón y mente, cuando creemos en Él y confiamos que nos cuide y nos guíe por la vida. Si quisieras experimentar una paz real en tu corazón aunque la vida te resulte difícil ahora, puedes lograrlo si le dices al Señor: “Gracias por enviar a Jesucristo tu Hijo, a morir por mi cargando con mis pecados. Gracias por la nueva vida que tengo en Cristo y por la paz que experimento en mi corazón que solo tú puedes dar. Amén“.

La paz verdadera y duradera viene de Dios. No es algo que podamos crear por nosotras mismas. Podemos tener la paz de Dios en nuestro ser interior aun cuando el mundo se esté cayendo a nuestro alrededor. Recuerda las Palabras de Jesús: “Te dejo un regalo, paz en el alma. Y la paz que les doy no es como la paz que el mundo da. Así que no se aflijan ni teman”. Encuentro interesante que Jesús habló acerca de dos clases de paz. Se refirió a la paz que el mundo puede dar y la otra paz que Él da como un regalo. ¡Y es bien seguro que existe una gran diferencia entre estas dos clases de paz! Vamos a notar que la paz de Dios permanece. Su paz no se basa sobre ninguna de las cosas que el mundo tiene para ofrecer; porque en este mundo todo es temporal, no permanece para siempre. La paz de Dios no está basada en el trabajo que tienes, en la cantidad de cosas que te pertenecen o en la seguridad que sientes, sino que está basada en Su amor por ti, un amor que nunca se marchita.

Eso es algo maravilloso y nos hace mucho bien. Hay un antiguo himno que lo describe muy bien y algunas de sus estrofas dicen así:

 

En el seno de mi alma una dulce quietud, se difunde inundando mi ser.
Una calma infinita que solo podrán, los amados de Dios comprender.
Qué tesoro yo tengo en la paz que me dio y en el fondo del alma ha de estar
Tan segura que nadie quitarla podrá, mientras miro los años pasar.

 

Mi amiga: ¿tienes paz en tu corazón? ¿Esa paz esencial que nadie podrá quitar? Pídele a Dios que te llene de Su paz. Estoy segura que Él quiere dártela. Nuestro Padre Celestial desea cosas buenas para nosotras y como lo expresa el autor del himno: “Paz dulce paz, es aquella que el Padre me da. Yo le ruego que inunde por siempre mi ser, en sus ondas de amor celestial”.

Te invito a orar conmigo y decir juntas:

Nuestro buen Padre Celestial:
Gracias por tu amor tan grande hacia mi vida. Gracias por querer llenar mi vida de tu paz. ¡Es maravilloso! Perdona mis pecados y ayúdame a vivir en una buena relación contigo. Gracias te doy por Jesús porque es el Príncipe de paz.
Amén.

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