Un cuerpo nuevo

Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos”.
2 Corintios 5:1

 

Hemos estado hablando acerca de la osteoartritis. Nuestra amiga Francis nos ha contado cómo se ha sentido cuando el doctor le dijo que tenía osteoartritis: “Al principio me sentí un poco desanimada. Pero luego pensé: ‘Dios me lo ha permitido y Él me mostrará cómo debo enfrentar esta situación’. Y me sentí mucho mejor cuando me di cuenta que había cosas que podía hacer por mí misma para ayudarme. Hice muchos pequeños cambios en mi diario vivir. Aprendí como destapar las botellas con tapones de rosca y cómo mover las trancas de las puertas para sentir menos dolor. Aprendí a levantar las cosas con las dos manos. Mis cacerolas tienen dos manijas para levantarlas mejor. Y los instrumentos de cocina son livianos porque tienen los mangos de goma. Mis cuchillos de cocina los tengo siempre bien afilados así no tengo que apretar muy fuerte para cortar. El refrán dice ‘más vale maña que fuerza’, así que cada día aprendo algo más para evitar recargar mis manos para que me duren útiles por más tiempo”.

Gracias a esta amiga que nos ha contado cómo hace ella para valerse por sí misma para realizar las tareas sencillas del hogar ahora que tiene menos fuerza en sus manos y brazos. Todas vamos a llegar a ser ancianas si Dios lo permite así, por tanto todas tenemos que adquirir buenos hábitos de postura y manejo de nuestro cuerpo para tener mejor calidad de vida en el futuro. Pero bien sabemos que este nuestro cuerpo se va gastando hasta ese momento en que ya no lo podremos usar más.

Conozco un hermoso poema que habla de nuestro cuerpo cuando se va gastando. Me gustaría compartirlo para que pienses en sus palabras tan apropiadas para lo que hemos estado hablando. Se titula “Esta vieja casa” escrito por Stuart Hamblen:

Esta vieja casa una vez conoció a mis hijos.
Esta vieja casa conoció a mi esposa.
Esta vieja casa fue hogar y comodidad.
Mientras luchamos las tormentas de la vida.
Esta vieja casa una vez sonó a carcajadas.
Esta vieja casa escuchó muchos gritos.
Ahora ella tiembla en la oscuridad.
Cuando el rayo alumbra alrededor.

(Ya no voy a necesitar esta casa)
(No voy a necesitar más esta casa)
No tengo tiempo para arreglar las tejas.
No tengo tiempo para arreglar el piso.
No tengo tiempo para engrasar las bisagras.
Ni para reparar ninguna ventana
Ya no voy a necesitar esta casa
Me estoy preparando para encontrarme con los santos.

Esta vieja casa se está poniendo insegura
Esta vieja casa está envejeciendo.
Esta vieja casa deja entrar la lluvia.
Esta vieja casa deja entrar el frío.
De rodillas me estoy poniendo frío
Pero no siento miedo ni dolor.
Porque veo a un ángel asomándose
A través del roto cristal.

Esta vieja casa tiene miedo al trueno.
Esta vieja casa teme las tormentas.
Esta vieja casa simplemente gime y tiembla.
Cuando el viento de la noche estira sus brazos.
Esta casa vieja se está volviendo débil.
Esta vieja casa necesita pintura.
Pero yo estoy preparado para encontrarme con los santos.

(Ya no voy a necesitar esta casa)
(No voy a necesitar más esta casa)
No tengo tiempo para arreglar las tejas.
No tengo tiempo para arreglar el piso.
No tengo tiempo para engrasar las bisagras.
Ni para reparar ninguna ventana
Ya no voy a necesitar más esta casa
Porque estoy preparada para encontrarme con los santos.

 

Es un poema muy interesante. Parece que habla de un hombre o mujer anciano que no pueden ocuparse más en cuidar su vieja casa y no están preocupados porque ya no la necesitarán por más tiempo. Me di cuenta de que no era solo la casa que estaba gastada y fuera de uso. Puede ser que cuando habla de las tejas que gotean en el techo, también está pensando en el cabello que se le ha caído. Y cuando habla de las bisagras es como si hablara de las articulaciones de nuestro cuerpo que se van oxidando y puede ser que también sufran de osteoartritis. ¿Y qué quiere decir cuando habla de sucias y rotas ventanas? Puede ser que su vista ya no esté tan buena ahora. Está diciendo que no podrá arreglar más su cuerpo gastado pero tampoco lo necesitará, porque pronto irá a los cielos a vivir allí. Es lo que quiere decir cuando habla de “ir con los santos”, con aquellos que ya están con Dios. Y se le nota decirlo con entusiasmo y deseos de ir allí. Recuerdo a una ancianita de 103 años, doña Delma; ella nos decía: “No sé porqué mi Señor no me lleva. Ya quiero estar allí”.

La Biblia habla acerca de nuestros cuerpos gastados. Podemos leer en la segunda carta que Pablo escribió a los cristianos en la ciudad de Corinto. Cuando el apóstol escribió estas palabras ya no era un hombre joven y además tenía algunos problemas de salud como lo expresa en 2ª Cor. 12:7 : “Me ha venido un aguijón en la carne, que me abofetea”. Estaba pasando por toda clase de tiempos difíciles y a veces enfrentó la muerte también. Escuchemos lo que él mismo escribió en 2ª Cor. 4: 16-18:

Por tanto no desmayamos; más bien aunque se va desgastando nuestro cuerpo exterior, el ser interior sin embargo, se va renovando de día en día. Porque nuestra momentánea y leve tribulación produce para nosotros un eterno peso de gloria más que incomparable; no fijando nosotros la vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las que se ven son temporales, mientras que las que no se ven son eternas”.

Eso es bueno, porque está diciendo que no es realmente importante que su cuerpo se esté gastando, porque su espíritu está creciendo más fuerte y su esperanza también. Quiere poner atención en las cosas que duran para siempre, las promesas que Dios le ha dado. A veces nos ocupamos demasiado de nuestros cuerpos físicos, cosas tales como vernos hermosas, vestirnos bien, alimentarnos correctamente para vernos saludables y no es que esté mal hacer eso, pero el apóstol nos quiere hacer notar que eso no es lo más importante.

El apóstol trae a la memoria la manera que vivieron sus antepasados en unas frágiles tiendas por el desierto y al llegar a su tierra prometida pudieron tener casas sólidas. Imagínate cómo se sentirían esas mujeres cuando alcanzaron la tierra prometida por Dios para ellos. Sentirían un gran alivio y felicidad. Seguramente estarían agradecidas por las tiendas o carpas, pero mucho más contentas de haberlas dejado a un lado. Así lo expresa la Palabra de Dios:

Porque sabemos que si nuestra casa terrenal, esta tienda temporal, se deshace, tenemos un edificio de parte de Dios, una casa no hecha de manos, eterna en los cielos. Porque en esta tienda gemimos deseando ser sobrevestidos de nuestra habitación celestial, y aunque habremos de ser desvestidos, no seremos hallados desnudos. Porque los que estamos en esta tienda gemimos agobiados, porque no quisiéramos ser desvestidos, sino sobrevestidos para que lo mortal sea absorbido por la vida. Pues el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado la garantía del Espíritu”.  2ª Cor. 5:1-5

Estas palabras acerca de la vida y de la muerte son para darnos ánimo y esperanza. Es para que no tengamos temor acerca de nuestro futuro. Dios está preparando un cuerpo nuevo para todos los que creemos en Él, una nueva “casa”, o sea un nuevo cuerpo que durará por la eternidad. Será mucho mejor que el que tenemos ahora. Lo maravilloso es que viviremos con Dios para siempre. ¡Qué esperanza maravillosa tenemos! Dios nos ama. Nuestra parte es creer en el Señor Jesucristo, recibirlo en nuestra vida por fe y vivir en obediencia esperando ese día glorioso cuando Dios quiera llevarnos de esta tierra a Su hogar celestial a vivir con Él para siempre.

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