Quienes Somos

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¿Por qué el nombre Proyecto Ana?

En La Biblia, se relata la historia de una mujer llamada Ana (1 Samuel 1:1-28), quien fue, despreciada y considerada una ciudadana de segunda clase. Vivía una situación personal, como la de muchas mujeres que estaba fuera de su control. No podía tener hijos. Ana añoraba profundamente tener un hijo, pero no se quedó sumida en la depresión. Ella oró fervorosamente y con esperanza. Dios contestó su petición con el nacimiento de Samuel a quien dedicó a Dios, llegando a ser el más importante profeta de su tiempo.

Hoy, existen muchas “Anas” en todo el mundo lanzándole gritos a Dios en medio de su sufrimiento, y las mujeres del Proyecto Ana están listas para extenderles la mano.

Historia

El Proyecto Ana fue fundado en 1997 por su Directora Ejecutiva, Marli Spieker.

Marli y su esposo Edmund, fueron misioneros con Radio Trans Mundial en Asia. Allí Dios abrió sus ojos para ver cuantas mujeres están atrapadas en la esclavitud espiritual, cultural y física. Un deseo muy grande de alcanzar aquellas que están viviendo sin esperanza, sin amor y olvidadas, empezó a crecer en su corazón, juntamente con una urgencia de dejarles saber que son preciosas para Dios.

En 1998, el primer programa de Mujeres de Esperanza fue transmitido en inglés desde la isla de Guam.

Desde ese momento el proyecto ha ido creciendo y extendiéndose rápidamente.

IDIOMAS EN EL AIRE O EN DESARROLLO

Albanés, Bajo alemán, Birmano, Coreano, Creole, Español, Finés, Guaraní, Hindi, Indonesio, inglés, Javanés, Kazaco, Khmer, Kirguiz, Madurés, Mandarín, Nivaclé, Papiamentu, Portugués africano, Portugués brasilero, Quichua, Sgaw Karen, Siamés, Tagalo, Tayiko, Turcomano, Ucraniano, Uzbeco, Vietnamita

DECLARACIÓN DE LA MISIÓN

El propósito de Proyecto Ana es:

Crear conciencia y empatía por los sufrimientos de las mujeres alrededor del mundo.

Orar por las mujeres que están siendo maltratadas emocional, física o espiritualmente.

Transmitir el Evangelio de Jesucristo a las mujeres alrededor del mundo, animándolas a:

  • experimentar el amor, la libertad y el poder de Dios mientras ellas enfrentan diariamente los desafíos de la vida.
  • apoderarse de su destino y de la gloriosa herencia que Dios les dio en Cristo Jesús, cualquiera sea su situación cultural, social o económica.
  • transmitirle a sus hijos un legado de fe, sabiduría y carácter piadoso.